lunes, 15 de agosto de 2016

23 euros en albaricoques armenios.

Llevaba ya 2 o 3 dias familiarizado con el trafico y la maneras armenias, y efectivamente había visto a la omnipresente policía que paraba constantemente a vehiculos en cualquier sitio. Pero aún así me vine arriba, le puede pasar a cualquiera.
Veníamos de pasar un rato en las extraordinarias iglesias de Shagmosavank y  Hovhannavank, y tras un par de minutos detras de un Lada familiar que circulaba a 40 km/h por hora miré por el retrovisor, comprobé que empezaban a acumularse coches en fila, y sencillamente actué como cualquier otro
habitante de la zona: acelerón, adelantamiento limpio sobre la linea continua, y ritmo de 80 km/h...
Miré hacia atrás y me sorprendió ver que niguno de los de atras continuaba con mi ejemplo, hasta que desde la séptima u octava posición de la fila emergió destelleante la luz azul de la policía.

La sensatez me llevó a continuar a mi ritmo, y esperar unos segundos hasta que los agentes adelantaron a toda la fila, con las luces encendidas y unos curiosos ruidos de sirena, y se pusieron detras haciendonos claros gestos de que nos detuvieramos.
El primer agente salió lentamente, llegó hasta nuestro Nissan Micra, me saludó amablemente, me pidió la documentacion o algo en armenio, y convencido de que no entendía ni una palabra (seguramente porque simplemente dije: No Armenian) me pidió que le siguiera hasta su coche. En ese corto paseo, mientras veía el magifico paisaje de la zona, me dió tiempo a sopesar si era mejor en ese momento pretender que no hablaba ingles, o eso sería enojar un poco mas al policía.
Me lo puso facil porque él no hablaba tampoco inglés, de modo que tras comprobar algo de mi carnet de conducir, y todo por gestos, salió, cogió un papel y un boli, dibujó una linea continua, un coche, un segundo coche, me hizo ver que el segundo coche era yo, una linea continua, y despues trazó suavemente otra linea que atravesaba la linea continua y volvía a su carril.
Rápidamente deduje que no cabía maniobra idiomática ni de comprensión que me pudiera salvar de la multa, de modo que sonreí, le hice seña de coger el boli y el papel, y dibujé al señor del Lada un poco mas a la derecha, y traté de ubicar mi linea de maniobra rozando la linea continua en vez de superandola.
Ni que decir tiene que sonreimos los dos.

Siempre leerás en las guias que no hay que pagar a la policía si te multan sin exigir un recibo,etc...
No tenía ninguna pinta de que eso fuera aplicable.
De modo que lo siguiente fué escribir en un papel la cifra que tenía que pagarle en Armenian Drams. Con el cambio a 532 había que ser rápido en los cálculos.

En ese preciso momento, para darle un poco mas de suspense, apareció el segundo agente: Un chaval joven, con amables ojos azules, y las manos llenas de albaricoques. Me hacía claros gestos de que cogiera algunos. Le di las gracias en armenio -Shenorhagal em- y le intenté explicar que le gustarían a mi hijo. El primer agente, que era el unico que había venido al coche, y que por lo tanto había visto al niño, le dijo algo. El otro se metío al coche patrulla y salió con albaricoques y cerezas blancas y rojas como para parar un tren, y se fué hasta mi coche a darselas a Mar y Erik.

La negociación de la multa prosiguió:
Primero escribió: 50.000 DRAM.
Ya no me reía yo tanto, me le quedé mirando y le hice el gesto internacional comedido de -Venga tio, no te columpies-.Rollete manos abiertas y cara de Gasol protestando a los arbitros, bueno, un poco menos lloroso.
Entonces dijo:
-This. Armenian.
Y acto seguido escribió:
 25.000 DRAM, y dijo:
-This Tourist.
25000 DRAM eran algo menos de 50 euros...me parecía casi un buen trato para el asunto.
Pero le miré seriamente y ya fué mas técnica Bomba Navarro comiendole la orejilla, hasta que se plantó en 12.000 DRAM.
Evidentemente los saqué, se los dí, me dió un apretón de manos, vino el de las frutas a darme también la mano, y ya puestos les dije: ¿Yeghvard?...No estaba muy claro como bordear Yerevan para ir desde allí hacia el lago Sevan.
Y me pintaron en la parte de atras del papel de los adelantamientos un croquis con 2 o 3 rotondas, un desvío trampa que debía evitar, y nada...a hacer kilometros.

Generalmente te enfadas y te produce una tensión desagradable que te multen...pero esta vez, me soplaron 23 euros y me regalaron medio kilo de albaricoques y cerezas. Y sonriendo todos.


sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Globalización?

Nuestro viaje por China fué intenso, excitante, y lleno de anécdotas. 20 dias pelados no dan para ver mucho, pero una buena planificación, aprovechar los viajes en tren para dormir, y algún que otro contacto y sus consejos te puede hacer aprovechar mejor el tiempo.

Me voy a referir en la entrada de hoy a uno de los momentos mas graciosos de nuestro viaje, un compendio de choques cultural e idiomático, aderezado con las habituales prisas, que nos hicieron pasar una tarde divertidísima además de permitirnos visitar una maravilla de esas que no se olvidan: Las cuevas de los Budas de Yungang.

Desde Pingyao, parada obligada para cualquier amante de la arquitectura mas tradicional (reconstruida o no) cogimos un bus en dirección Taiyuan, donde teníamos que coger el definitivo que nos  llevara hasta Datong, que es donde están esas increibles cuevas. Quien iba a pensar que esa insignificante ciudad (al menos en el mapa) tenía mas de 4 millones de habitantes, y que para colmo allí no se hablara el mandarín, sino el chino "Jin". De modo que al llegar a la estación de autobuses, y bajarnos a comprar los tickets para Datong, pude comprobar que mis recientes conocimientos de mandarín no terminaban de serme del todo útiles pues los moradores de la estación no me entendían casi nada (también podía deberse a que la pronunciación del mandarín no se pule en 2 meses). Tras un rato de gestualizaciones bastante cómicas conseguimos entender que había "otra" estación de autobuses, donde el emperador Ming perdió el mechero, o mas para allá. Optamos por un taxi, y en un rato estábamos camino de Datong, donde el entrenamiento de los gestos y aspavientos se demostraría absolutamente irrelevante.

Llegamos a la estación de Datong sobre las 17,30 y no parecía del todo claro a que hora cerraban la admisión de las cuevas. Según la Lonely Planet a las 19, no había prisa...pero Ji, el taxista que nos metió su taxi practicamente debajo del último escalon del autobus nos hizo saber, después de oir la palabra Yungang, con movimientos de ojos manos y brazos, que no diésemos prisa.
Como íbamos cargados con 3 bolsas bastante grandes, decidimos preguntar si había consigna en aquella estación, ¿inglés?, no, ¿mandarín de Moncho? algo parecían entender...llegamos hasta la consigna y nos cogieron las bolsas, nos dieron unas pequeñas llaves y unos tickets,...pagamos algun yuan, y cuando ya seguíamos a Ji, nos vociferaron en un Chino incomprensible:..yiaaaaaaaaaaaaa, weeeeeeeeeeee, waaaaaaaaaaaaaaa...no se, algo así decían, no seré yo el que intente menospreciar un idioma tan rico, pero al darnos la vuelta las 2 señoras de la consigna nos señalaban al reloj, y repetían waaaaaaaaaa, weeeeyeeeee,iiiiiyaaaaaaaaaa...se repitió la conversación monodireccional un par de veces mientras el taxista Ji intentaba ayudar con su versión de los hechos. Lo que quedó claro es que él era el mas espabilado, porque nos hizo saber que había que estar antes de las 6 para entrar a las cuevas aunque cerraran a las 7, y de pasó fué a buscar a un viejo, un sabio local, quizá un sabio de la estación de autobuses.
El anciano se puso frente a mi, y en un trozo de papel dibujó un reloj que marcaba las 8, mientras con la yema de sus dedos daba golpecitos sobre el dibujo, a lo que yo, ya en castellano dije, vale, que hay que venir a por las maletas antes de las 8. perfecto. Con señas representé señores que se van, dije Yungang, luego señores que vienen, y señalé el dibujo. Ok. El anciano me miró y dijo que no. Una vez mas waaaaaaaaaaaaaaa, yiaaaaaaaaaaaaaa, uyeeeeeeeeeeeeeeeee...y el taxista Ji girando entre nosotros como loco diciendo "come on come on". Ahora si que no entendíamos lo que ocurría, hasta que el anciano, concentrado, me miró de nuevo, fijamente,...señaló el reloj dibujado puso las dos manos en forma de flecha y dió un respingo hacia atras. En fin, algo me hizo entender que necesitaban confirmación de que teníamos claro que había que llegar ANTES DE LAS 8, y NO A LAS 8...ya llevaba unos dias en China y me había dado tiempo a comprobar que presuponer no siempre vale allí. De modo que a mi vez cogí el papel y el boligrafo y dibujé un reloj con las 8 menos 5, y con evidente satisfacción se lo enseñé al anciano, gestualizé de nuevo...señores que se van, Yungang, señores que vuelven...y fin en el reloj de las 8 menos 5. Ante mi sorpresa el anciano dijo que no. Waaaaaaaaaaaaaaa, yiaaaaaaaaaaaaaaaaa, uyeeeeeeeeeeeeeeeee.
Me quedé sin habla y casi sin respiración, eran las 6 menos 10 pasadas y allí seguíamos en una situación realmente ridícula.
El anciano, me cogió del brazo, de nuevo me miró concentrado y puso la mano izquierda sobre la mesa. Señaló con el índice de la derecha el reloj e inmediatamente la punta de los dedos de su mano izquierda. Colocó la derecha como si fuera un cuchillo en la punta de los dedos y profiriendo un grito chino la echó hacia atrás como si fuera un resorte. De nuevo lo había entendido. Gesticular señores que se van, Yungang, señalizar señores que vuelven, apuntar al reloj de las 8, e imitar el gesto del anciano (no me atreví con el grito).

Todos sonrieron, y Ji nos llevó corriendo al Taxi, arrancó, y cuando llevaba menos de 300 metros se salió de la carretera literalmente y por un camino hizo una serie de virajes que nos llevaron a la puerta de las cuevas a las 6 en punto. De nuevo los gestos de correr,...y eso hicimos,...llegamos a la taquilla y nos vendieron las entradas con gesto de complicidad...una vez dentro me dí cuenta de que me había dejado la guia en el coche y no habíamos pagado a Ji,...¿nos esperaría?
Vimos las maravillosas cuevas, y una señora anciana, menos sabia sin duda que nuestro interlocutor de la consigna, me dió una clase magistral de como buscar sitio en una montonera humana, golpeando rítmicamente mi codo mientras intentaba hacer una foto. Conseguí apoyar el codo, pero la señora como quién oye llover continuó un rato mas dándome nucazos en el codo, inamovible, robusto. Cuando terminé de hacer las fotos le sonreí, y le cedí el hueco que tan denostadamente intentaba conseguir.
Al salir de las cuevas, y del recinto, vimos a lo lejos el coche de Ji, en marcha, llegamos con cara de agradecimiento y al montar vimos que el taxímetro seguia corriendo desde las 6, pero la verdad, cuando rápidamente calculé que la ida, la vuelta, la espera, el rallye, la interpretación, y la sonrisa iban a costarnos 12 dólares, sonreí yo también.

viernes, 22 de noviembre de 2013

el retorno...

Hace casi 3 años que no escribía nada...circunstancias de la vida. Estas 2 lineas han sido para recordar como se editaba una nueva entrada...desde mañana vuelvo a la actividad.
Mi hijo nació hace 2 años y pico, y mi padre murió hace casi 1...uno me enseño a viajar, y al otro lo he llevado pegado en aviones desde los 3 meses...supongo que el ciclo seguirá...


viernes, 1 de enero de 2010

La barca voladora de Chiang Mai


Chiang Mai es una ciudad tranquila, grande pero tranquila. Llena de interesantes templos, mercados coloristas, y una variada vida nocturna. Lo mismo tropiezas con un Chill-out casero con música electrónica y alfombras llenas de hippys-solo-para-agosto, que con un guitarrista feo y enjuto que va desgranando versiones de clásicos del rock hasta que delata sus limitaciones masacrando el riff del “sweet child of mine” de G’N’R.
Vale, es un riff difícil. En los bares de Chiang Mai hay carteles donde reza “Prohibido fumar. Multa de 5000 Baths”, pero los posaderos te reciben con un cenicero en la mano haciéndote ver que los carteles son mero atrezzo. Mira, ahora se me ocurre que ya tenéis otra razón para visitar Thailandia. Con un poco de suerte de aquí a nada tendréis que ir allí a apestar a la gente con vuestros humos.

Aparte de esto en Chiang mai montan excursiones con muy mala pinta, elefantes que pintan cuadros con la trompa en un campo de entrenamiento, tribus de mujeres con el cuello alargado por aros decorativos,…un toque de disneylandia en medio de la selva.
Aún así decidimos hacer algo más que escuchar al guitarrista feo, y contratamos una excursión que evitaba las atracciones mas escabrosas, y tan solo proponía un paseo en elefante por la selva, un descenso en rafting, y un paseíto final en junco rio abajo. De modo que pagamos nuestros miserables 12 o 13 $ por cabeza, comida incluida.
El tema de los elefantes tuvo su gracia, pero lo realmente divertido ocurrió después. Tan solo 4 personas íbamos a hacer el rafting, de modo que los organizadores decidieron economizar en transporte y nos propusieron una actividad no anunciada, que a la postre se convirtió en el gran éxito del viaje.

-Sr organizador: Creéis que podríais subir al techo de ese 4x4 y colocaros dentro de la barca?
-Yo: Si, claro, será divertido
-Sra organizadora: Pues dejad dentro del coche cualquier cosa que se pueda mojar, incluyendo dinero, cámara, y ropa…solo en bañador. Y poneos estos cascos naranjas del año 86 y estos salvavidas naranjas que aún no hemos datado con el carbono 14.
-Yo: a sus órdenes, Frau organiser!

Lo curioso fue que tras prepararnos, y con un look verdaderamente lamentable, nos encaminamos de nuevo hacia el 4x4, y oh!, sorpresa! Habían colocado encima, no una sino dos barcas hinchables, de modo que subimos hasta allí y nos emplazamos a unos dos metros y medio de altura dentro de una barca, que estaba atada sobre otra barca que estaba atada a la baca de un 4x4 digno de un agricultor zamorano mayor de 65 años.
A mí me pareció divertido. A Mar y a Maria también. A Chechu no demasiado.
El 4x4 ascendía por un camino siguiendo a un perro que parecía conocer el terreno a la perfección. Probablemente sería el que les ayudaría a excavar nuestras fosas caso de que cualquier bache nos hiciera salir volando. No tenía mucha pinta de que los señores organizadores hubieran contratado el seguro de actividades peligrosas de Mapfre Vida.

En esas empezó a diluviar. Un diluvio bueno y corto, de agua caliente como siempre ocurre en esas zonas. Las carcajadas acompañaban el estruendo de las gotas golpeando sobre la goma inflada, mientras nos asíamos lo mejor posible a las cuerdas que bordeaban la barca voladora. Chechu recordó que su madre le había propuesto ir a Marina D’or en vez de a Thailandia…”¿Por qué no le habré hecho caso a mi madre?” decía el condenado. Paró de llover y salió el sol. Llegamos al punto de salida del rafting, y no había rastro de fosas. El perro correteaba entre el 4x4 y un chamizo de palmas que hacía las veces de oficina improvisada.

El rafting en sí también fue divertido. Principalmente porque Chechu, como claro protagonista del día, perdió un “palo”, que por lo visto es como llaman en Úbeda a los remos, en el momento más delicado del descenso. Evidentemente la empresa no se podía permitir una perdida tan significativa, de modo que entre una locura de instrucciones tipo: “forward, forward” “back”, “right”, ”fooorwarrrd” , 2 señoritas, un Tailandés de la etnia “Hmong”, un señor de Úbeda desprovisto de su “palo”, y yo mismo, remontamos un tramo del rio Mae nam ping para recuperar el preciado utensilio. No obstante, la peculiar hazaña nos obligó a bajar los rápidos por un sitio mucho más peligroso, pero para eso llevábamos un completo equipamiento de seguridad y nos guiaba un capitán que de haber vivido en el siglo XVI hubiera cambiado el curso de la historia si le hubieran dejado sustituir al Duque de Medina Sidonia al mando de la Armada Invencible.

Llegamos con todos los palos, sanos y salvos, y acabamos la excursión flotando sobre el agua en un sencillo junco que nos llevó hasta nuestro querido 4x4, donde, esta vez sentados en los asientos como aburridos turistas del montón, regresamos a Chiang Mai para tomarnos unas “Chang” de medio litro escuchando al guitarrista feo, que todavía no se había aprendido el riff, aunque le salía un poco mejor.

lunes, 6 de abril de 2009

Te voy a dar yo a ti crisis





El otro dia me animaba mi amigo David a escribir algo acerca de esta vieja anécdota que a él le resultaba especialmente simpática, de modo que después de un tiempo de inactividad voy a intentar retomar la costumbre de actualizar el blog.



Te voy a dar yo a ti crisis.



Era el año 90, o 91, no voy a perder el tiempo en comprobarlo. Nos fuímos de vacaciones 3 amigos a recorrer Bretaña en mi viejo seat 132. Te voy a dar yo crisis. En aquellos tiempos no me interesaba si había crisis o no, pero recuerdo perfectamente que la elección del mes de Agosto era: o bien comprar una bateria para el coche, o bien irme de vacaciones con el coche y la batería vieja. Ganó la batería vieja.
El seat 132 era un coche excelente. Al menos el mio. Lo mantuve durante un par de años con la misma batería agotada, que permitía arrancarlo si no se quedaba muy frio sin ningún problema. Si estaba demasiado frio bastaba con empujar uno mismo con la puerta abierta, y en cuanto se movía un poco, meterse dentro y meter 2ª...arrancaba siempre sin esfuerzo.
Eso motivó que no terminara de embarcarme en un gasto superfluo como una nueva batería.
El caso es que con el 132 nos marchamos para Bretaña.
La primera anécdota tiene que ver con la batería, de ahí la introducción.
En nuestro afán de exploración vimos en el mapa un lago , el "lac de guerledan" cerca de Mur de bretagne, y allí nos dirigimos. Para llegar al lago había un camino que descendía hasta la orilla, y por allí bajamos con el coche. El lago no tenía ningún atractivo, de modo que nos comimos unos bocatas y nos dispusimos a reemprender la marcha cuando de repente el 132 se negó a arrancar. Era extraño. No estaba frío. A estas alturas os tengo que presentar a mis compañeros de viaje: Julieta, 45 kilos, y Oscar recién operado de un accidente de montañismo y con muletas.
Esta información es importante para esta y la siguiente anécdota. El hecho de que Julieta no tuviera carnet de conducir, y que Oscar llevara un aparato ortopédico de aluminio en la pierna también.
Debido a estos detalles tuvimos algunas dificultades a la hora de empujar el coche cuesta arriba para intentar arrancarlo aprovechando la pendiente, pero tras dos intentos fallidos apareció por allí un coche con matricula de Logroño!!. Que casualidad.
La joven e inexperta pareja que lo conducía se asustó un poco al vernos abordar jubilosos su peugeot 205. Les explicamos lo sucedido y les preguntamos si llevaban pinzas para arrancar. No llevaban y no sabían lo que eran. Sorprendente.
Recordé que llevaba algunos cables en el maletero que hicieron esa función ante el susto injustificable de la pareja que pese a mis explicaciones parecían vivir una pesadilla de raptos, violaciones, y explosiones totalmente delirante.
El coche arrancó, y pese a que la pareja se alejó mas de veinte metros para evitar la onda expansiva que esperaban recibir, no hubo tal.
Que sorprendidos parecían de haber sido testigos de un experimento de alta tecnología como ese, diablos!, habíamos conseguido arrancar un coche haciendo el puente con la batería de otro, el Nobel estaba a nuestro alcance.
Allí dejamos a aquellos linces deseandoles de corazón que su seguro a todo riesgo tuviera cobertura en aquellas latitudes, por que si no iban apañados.
Dias después nos decidimos a visitar el Monte St. Michel. Una verdadera maravilla con el aliciente añadido que le otorga el hecho de que quede completamente sumergido en determinadas fechas. Tras la visita llegamos al aparcamiento y salimos a la estrecha carretera que unía el peñón con la localidad de Pontorson. Pero cuando aún estábamos en las inmediaciones mi pie izquierdo se hundió junto con el pedal del embrague y el coche se quedó parado. ¿Que mierdas habia pasado?. La situación era incómoda, estábamos taponando uno de los dos carriles y no había arcén, ya que la carretera discurre artificialmente elevada sobre el nivel de la playa. Había mucho tráfico, y gran número de autobuses de turismo que podían pasar a duras penas por el hueco que dejábamos.
Conseguimos que unos cuantos conductores nos ayudaran a desplazar el coche 100 metros hasta un lugar en el que había un pequeño ensanche. Y una vez allí me tiré debajo del 132 para, con mis escasos conocimientos de mecánica, evaluar la situación. Algún conductor curioso me sugirió que podía haberse roto el cable del embrague, pero no, la madre que parió a peneque, increíblemente se había roto el pedal , lo cual no había que ser muy listo para comprender que era bastante mas grave.
Tras un rato de risas comentando lo inadecuado del lugar en cuestión, sin arcén, lleno de coches, y con las aguas del mar del Norte amenazando con cubrir nuestro vehículo si no actuábamos con rapidez, sacamos en claro que había que llegar a la civilización o al mundo urbano como fuera.



En aquella época, en la que los iphone no tenían mucha cobertura, se nos ocurrió un plan fantástico para solucionar nuestro problema.
EL PLAN:
¿Cómo podíamos solucionar la situación?. Arrancando el coche a la carrera metiendo 2ª o 3ª marcha a capón y no deteniendonos ante nada.
¿Cuál era el mayor inconveniente?. Yo podía empujar, pero los otros dos no podían conducir. Oscar no podía empujar con su protesis de aluminio. Julieta no tenía fuerza para empujar.
¿Y entonce qué?. Entonces os daréis cuenta de que Mc Guiver es un mero aprendiz:
Yo empujaría el coche, Oscar se sentaría al volante para meter la marcha, y Julieta agachada en el asiento del copiloto aceleraría con la mano, bajo la supervisión de Oscar, lo suficiente para que el coche no se calara y a mi me diera tiempo a meterme en la parte de atras. Una vez conseguido esto, Oscar se deslizaría hacia el lado del copiloto y yo saltaría a la parte de delante para hacerme con los mandos. Luego Julieta saltaría a la parte trasera, y a correr.
Suena complicado pero nos salió a la primera. Los gritos y carcajadas nos acompañaron los primeros kilometros, esto si era de premio Nobel.
Evidentemente habíamos esperado a que hubiera menos tráfico, porque el plan significaba que no podríamos pararnos en ningún atasco o semáforo.
El 132, no me canso de alabarlo, ronroneaba en 3ª mientras nos alejábamos del Monte Saint Michel. Hicimos memoria y recordamos que de camino hacía Fougeres (donde estábamos acampados) había 3 pueblos: Pontorson, Antrain, y Saint Brice en Cogles. Temíamos los semáforos, y estábamos seguros de haber visto un cruce importante en alguno de ellos.
Al llegar al primer semáforo lo ví de lejos en verde y aceleré todo lo que pude. Perfecto. El segundo, al rato, estaba en rojo...en tercera podía conducir a 30 km/h sin problema así es que ralentice todo lo que pude y cuando estábamos a punto de llegar se puso verde. Perfecto.
En Antrain hubo mas problemas. Lo vimos verde de lejos, aceleramos, y cuando aún nos faltaban 50 metros para llegar se puso rojo...ibamos a 90 km/h...de modo que improvisando sacamos una gorra y un mapa por la ventana e hicimos sonar el claxon para justificar que nos ibamos a saltar el semáforo. Era un cruce, y cruzaban coches (así es la vida), de modo que tuve que girar a la derecha para no pararme...afortunadamente vimos una rotonda poco despues y con algo de agresividad conseguimos volver a nuestra ruta.

Los 50 kilometros que nos separaban de Fougeres estaban solucionados...ahora había que entrar en la ciudad y buscar un taller sin pararnos. Imposible.
Conseguimos alargar la agonía entre risas durante 5 minutos, en lo que bautizamos inmediatamente como modo-pacman: avanzas por la ciudad y cambias de dirección sin ningún tipo de esquema dependiendo de si delante hay o no otros coches o semáforos con tal de no parar. La aventura acabo en el semáforo de una calle cuesta arriba, a tan solo 15 metros de la "cima".
En un último alarde de imaginación no dudé en explicarle la situación al conductor que se había quedado detras nuestro, quien amablemente me ayudó a mover el coche esos 15 metros para llegar arriba. De paso le pregunté si sabía de algún taller cercano y por fin tuvimos suerte, solo había que bajar y hacer unos metros en dirección prohibida en una calle que se veía desde arriba, de modo que nos deslizamos calle abajo volví a meter tercera a capón, el coche arrancó, y como no venía nadie por aquella dirección prohibida nos lanzamos por ella y nos metimos hasta dentro del taller con el coche, ante los atónitos ojos de Jean Luc, el mecánico que amablemente, y en solo 2 dias nos fabricó un nuevo pedal de embrague. ¿O creías tu que en Fougeres había recambios para un pedal de embrague de un seat 132?. Te voy a dar yo crisis.








































martes, 3 de febrero de 2009

Las propiedades refrigerantes de la risa.

Cruzar el desierto de Kyzylkum para llegar desde Khiva hasta Bukhara es una obligación, algo inevitable. No hay tren directo entre esas ciudades. Entre un autobus de horario indeterminado y un taxi nos decidimos por lo segundo, al menos saldríamos a una hora fija. Recorrimos la ciudad y varios hoteles buscando la mejor oferta; siempre te dirán que no hay mas gente para compartir el coche, es la manera mas facil que tienen de hacer mas negocio, evidentemente.
Al final en la oficina de turismo nos ofertaron un coche pequeño sin aire acondicionado por 50US$, que era mejor que los 80US$ que nos pedían en el hotel…hecho. Podíamos salir a las 7 de la mañana , y para cuando pegara el sol ya estaríamos llegando a Bukkhara. Eso creíamos.
El conductor llegó puntual, se llamaba Oktir, y tenía una mirada de autentico negociador. Hablaba 3 palabras en ingles, pero era suficiente, arrancamos y a los dos minutos se desvió para recoger a 2 personas mas.
Meeeeeeeec. Error. –le hice entender.
Habíamos pagado por el coche entero, si quería recoger a alguien más dividiríamos el precio, of course!. Pero se hizo el loco. Bueno, hizo que se lo hacía, porque llamó a alguien y me pasó el teléfono: era alguien de la oficina de turismo. Parece que había un malentendido, el precio era compartiendo el coche.
Meeeeeeeec.Error.-le hice entender también a la señorita de fluido inglés.
Tras 2 o 3 llamadas convenimos en que aceptábamos un viajero mas que iría en el asiento del copiloto, ya que no nos molestaba en absoluto.
Oktir continuó hasta Urgench, desde donde salía la carretera a Bukhara. Una pequeña parada para recoger al otro pasajero. Como era de esperar no existía aún ese pasajero, sino que se dedicó a recorrer los alrededores de la estación de autobuses y a discutir con otros taxistas, supongo que para conseguir esos dolares extra que le proporcionaría el nuevo viajante.
45 minutos despues un chaval uzbeko, moderno, con ropa occidental y un maletín se dispuso a acompañarnos.
Y nos dirigimos hacia el cruce del rio Amudaria. Ya solo por disfrutar del paso sobre el antiquisimo puente flotante, donde parece a cada segundo que vas a acabar en el fondo de sus aguas turbias para empaparte de barro y leyenda, merecía la pena el viaje.
Despues el desierto. Mucho desierto. Una carretera recta, no tan mala como cabía esperar, pero paulatinamente invadida por la arena. Precioso. A 120 kilometros por hora, dando de vez en cuando algún que otro salto cuando una rueda cogía el desnivel de la arena invasora. Precioso.
Me pregunté que sentido tenía preocuparse por si la ensalada estaba bien lavada cuando estaba jugándome la vida con un conductor sanguinario que creía que estaba en las 500 millas de Indianápolis. La otra teoría de la relatividad.
A las 11 estábamos en medio del desierto. 51 grados. Manteníamos un silencio sepulcral que intuíamos necesario para no gastar energía y continuar conscientes. Las ventanas cerradas convertían el aire en insano, pero mantenía nuestros organos vitales a salvo de la chicharrera que estaba cayendo.
Le pregunté a Mar si estaba bien, porque la situación empezaba a ser realmente dura. Me dijo que si. Abrí la ventana durante unos segundos y me di cuenta de que era infinitamente peor. Calculamos que faltaban 2 horas mas.
Tras un lapso indeterminado, entre sudor y ensoñación Oktir nos dijo por medio del chaval uzbeko, que hablaba algo mas de inglés, que si pagabamos 5 $ cada uno, pondría el aire acondicionado.
Sonaron mis carcajadas,- ¡Que hijo de puta!-. Nos lo decía cuando estábamos llegando.
-Meeeeeeec.Error. le comuniqué al copiloto.
Si pensaba que a esas alturas iba a doblegarnos no sabía con quien estaba tratando. Ya daba igual. Estábamos haciendo chistes y pensando en explicarle que no eramos alemanes, y que no nos asustaba un poco de calor cuando paró el coche. El copiloto salió y vomitó repetidas veces en la cuneta. Sería el calor. Estos uzbekos no aguantan nada.
Seguimos el viaje sonriendo.
La risa es un buen refrigerador.
PD. la foto, sin que sirva de precedente no es mia. La he tomado prestada de
dónde hay muy buenas fotos de un viaje a Uzbekistán

miércoles, 21 de enero de 2009

Camboya y el uranio enriquecido.





Siempre me ha gustado llevar la contraria, no puedo evitarlo, y basta con que la gente se empeñe en definir algo como inigualable y extraordinario para que me acerque con desconfianza, como si mi natural desapego por la “gente” como ente abstracto y horrible me obligara a constatar cada hecho o lugar previamente ensalzado.
…Y en esas llegamos a Camboya, al aeropuerto de Siem Reap, con la intención de empaparnos durante 3 dias de la magia de Angkor , el conjunto de templos de la dinastia Khmer que salpica una zona sorprendentemente extensa al norte de la ciudad.
Nos alojamos en una casa de huespedes regentada por un americano expatriado, y él mismo nos facilitó un conductor para visitar los templos al dia siguiente. La información escrita nos hacía dudar…¿2 dias serían suficientes para ver Angkor o no?.
Intenté leer todo lo posible al respecto, y pregunté a diestro y siniestro, pero me topé con la inevitable conjura para la caza del viajero. Me explicaré:
Siem Reap es una ciudad pequeña y vulgar, sin practicamente nada que destacar salvo una buena infraestructura para llegar a los templos. Calles llenas de pubs y restaurantes donde los únicos camboyanos son camareros, con espectáculos “tribales” de dudosa autenticidad, pantallas gigantes con retransimisiones deportivas, y coches de policía guardando por la seguridad de los “invitados”. Mercados para turistas, bares para turistas, …una escandalosa falta de vida real.
La visita a Angkor se convierte en el absoluto motor de este pequ
eño circo, de modo que cuantos mas dias dure la visita, mas dias tendremos que aguantar en este “paraiso del ocio”. Y así nos encontraremos “consejos” que hablan de “al menos una semana para entender los templos”, “un mínimo de tres dias a todo correr para ver al menos lo imprescindible”…y cosas por el estilo. La realidad es bien diferente: el conjunto histórico se visita casi forzosamente en tuk-tuk (ya sabéis, esos carromatos de diferente aspecto o ingeniería, dependiendo de zonas y paises, que sirve para transportar pasajeros) y al principio se pacta un precio con el conductor para todo el dia. Creo recordar que eran 12 dólares. Nos apetecía especialmente aprovechar el tiempo, de modo que preguntamos a que hora salía el sol, y quedamos una hora antes, a eso de las 4 de la mañana. Al llegar a las taquillas, un impulso repentino me llevó a no dejarme llevar por el recomendadísimo pase de 2 dias que te da opción al tercero gratis, sino que opté por el de 1 dia. Ya volveríamos al dia siguiente. El conductor parecía contrariado por nuestro cambio de planes, pero aún no entendíamos por que.
De modo que allí estábamos, delante de Angkor wat, en la mas absoluta oscuridad, esperando ver los primeros rayos de luz. En unos minutos apareció mas gente, no demasiada. Fuimos adentrándonos en el recinto, utilizando la luz de la pantalla del movil, con una sensación de tremenda excitación. Y amaneció. No es fácil explicar la grandiosidad de Angkor wat y de algunos de esos templos sin estar allí. La posibilidad de explorar las enormes construcciones con entera libertad, entrando o saliendo por donde mas te pueda apetecer, y la maravillosa soledad que la temprana hora nos brindaba.
Mas tarde,en una revista que había en el tuk-tuk vimos que había marcados 2 recorridos, uno corto y uno largo, pero a nosotros nos interesaba visitar los templos mas carismáticos, de modo que ante su creciente mala cara fuímos adentrandonos en los de Bayon, Ta prohm, Preah Khan…disfrutando del silencio y los majestuosos restos arquitectónicos.
Ya de buena mañana el conductor parecía realmente malhumorado, de modo que intenté comprender cual era su problema, y me lo explicó: el negocio está montado para que cada dia se haga una ruta, de modo que el primer dia se hace la mas corta y el segundo la mas larga, con un pequeño incremento en la “cuota” . Nosotros no nos ateníamos a las reglas ni a sus circuitos, y le estábamos haciendo ir a algunos templos que correspondían a la ruta del dia siguiente. Tuve que ponerme serio y explicarle que habíamos contratado un tuk-tuk para ver Angkor, y no para seguir itinerarios, y que el orden sería el que nos pareciera a nosotros. Aceptó de mala gana, y entonces me dí cuenta de que el problema era evidente: si veíamos los templos mas importantes en un mismo dia, no nos quedaba nada para el siguiente, y él se quedaba sin ruta “larga”…de modo que le pregunté cuanta gasolina le suponía terminar el recorrido a nuestra manera.
-2 dólares mas.
-bien, te daré 5 si alegras esa cara.
Y lo hizo. Cuando nos dimos cuenta eran las 12 de la mañana. Nos habíamos tirado 7 horas recorriendo "wats", ya que los trayectos motorizados entre ellos eran rápidos. Y tras escapar de alguna marabunta de críos que intentaban vendernos sus souvenirs nos paramos a beber algo, y consultando el mapa nos dimos cuenta de que habíamos visto casi todo lo que había
que ver, de modo que continúamos tranquilamente, y cuando nos pareció que ya casi todos los templos secundarios iban siendo demasiado parecidos nos volvimos hacia la ciudad.
Mis conclusiones fueron claras: a ninguna de las partes que componen el negocio le conviene que solo estes un dia viendo los templos, ya que ante la carencia de atractivos de la ciudad te marcharás, de modo que mediante pequeñas triquiñuelas te convencerán de que tienes que estar allí mucho mas tiempo. Si lo tienes lo puedes gastar como quieras, pero a mi me gusta poder decidir, y me mosquea sobremanera que me intenten engañar.
Como nos sobraba un dia, pensamos en acercarnos al “Tonle sap” el enorme lago que se encuentra a pocos kilometros de la ciudad, así es que a la mañana siguiente cogimos un tuk-tuk y hacia allá nos dirigimos, hasta que poco antes de llegar nos encontramos con una barrera y unos militares. Oficina de turismo…ah,vale.
Cual fue mi sorpresa cuando la sonriente señora que vendía los tickets para acceder al lago me dijo:
-15
-15 what?
-15 dólar.
-excuse me,15 dólar 2 people?
-no sir, 15 dólar each person.
Monté en cólera y creo recordar que les llame chorizos e incluso menté a sus madres. Me querían cobrar 15 dólares por el mero hecho de acercarme al lago, luego ya negociaría con un barquero. Hijos de satán!.
Les dije amablemente que se fueran a robar a sierra Morena, y volví al tuk-tuk. Le dije al atónito Mr.Han, el conductor, que era un crétino por no avisarme de que había que pagar 15 dólares por persona (habíamos planificado toda la jornada con él, y en ningún momento había mencionado este pequeño detalle), a lo que me contestó que la última vez que había venido no cobraban. En fin, nos dimos la vuelta.

Volvimos a Siem Reap, y le dije que si había algo que ver por allí. Me ofreció la granja de Cocodrilos, un estanque maloliente con 4 cocodrilos donde también querían sacarme "5 dolars each people". ¿pero que mierda es esta?! Traduje a voces ante el cada vez mas asustado Mr.Han. La verdad es que estaba realmente enfadado, ya sabemos que en los paises pobres la gente quiere tu dinero, pero en este caso el mismo gobierno se dedicaba al pillaje. Recordé, calmándome que en los templos, un par de veces se me habían acercado policías de uniforme intentando venderme sus placas a buen precio. Que duro es a veces confirmar que todo tiene puntos de vista alternativos.
Volvimos al hotel a darnos una ducha y despedimos amablemente a Mr.Han, que solo tenía la culpa de ser un poco incompetente.
Recorrimos la ciudad toda la tarde, y nos salimos del centro. Encontramos la ciudad real, el mercado real con sus olores nauseabundos, la carne infestada de moscas, y la suciedad por doquier, aunque tambien otra manera de ver a la gente, que ya no nos miraba como billetes de dólar, incluso comimos comida camboyana en un restaurante con comensales no-turistas, auténtica a juzgar por las lágrimas que me empezaron a caer cuando de modo excesivamente optimista volqué el cuenquito de chilis en los fideos. ¿para que tantas plantas de enriquecimiento de uranio teniendo esto?.
Era la última tarde en Camboya, y un rato despues paseando por una avenida sucia y poco iluminada de nuevo lloré. No era por la pobreza ni por la belleza de los templos, sino porque se me había quedado un trozo de chili entre las muelas y aún tenía su poder nuclear intacto.