martes, 3 de febrero de 2009

Las propiedades refrigerantes de la risa.

Cruzar el desierto de Kyzylkum para llegar desde Khiva hasta Bukhara es una obligación, algo inevitable. No hay tren directo entre esas ciudades. Entre un autobus de horario indeterminado y un taxi nos decidimos por lo segundo, al menos saldríamos a una hora fija. Recorrimos la ciudad y varios hoteles buscando la mejor oferta; siempre te dirán que no hay mas gente para compartir el coche, es la manera mas facil que tienen de hacer mas negocio, evidentemente.
Al final en la oficina de turismo nos ofertaron un coche pequeño sin aire acondicionado por 50US$, que era mejor que los 80US$ que nos pedían en el hotel…hecho. Podíamos salir a las 7 de la mañana , y para cuando pegara el sol ya estaríamos llegando a Bukkhara. Eso creíamos.
El conductor llegó puntual, se llamaba Oktir, y tenía una mirada de autentico negociador. Hablaba 3 palabras en ingles, pero era suficiente, arrancamos y a los dos minutos se desvió para recoger a 2 personas mas.
Meeeeeeeec. Error. –le hice entender.
Habíamos pagado por el coche entero, si quería recoger a alguien más dividiríamos el precio, of course!. Pero se hizo el loco. Bueno, hizo que se lo hacía, porque llamó a alguien y me pasó el teléfono: era alguien de la oficina de turismo. Parece que había un malentendido, el precio era compartiendo el coche.
Meeeeeeeec.Error.-le hice entender también a la señorita de fluido inglés.
Tras 2 o 3 llamadas convenimos en que aceptábamos un viajero mas que iría en el asiento del copiloto, ya que no nos molestaba en absoluto.
Oktir continuó hasta Urgench, desde donde salía la carretera a Bukhara. Una pequeña parada para recoger al otro pasajero. Como era de esperar no existía aún ese pasajero, sino que se dedicó a recorrer los alrededores de la estación de autobuses y a discutir con otros taxistas, supongo que para conseguir esos dolares extra que le proporcionaría el nuevo viajante.
45 minutos despues un chaval uzbeko, moderno, con ropa occidental y un maletín se dispuso a acompañarnos.
Y nos dirigimos hacia el cruce del rio Amudaria. Ya solo por disfrutar del paso sobre el antiquisimo puente flotante, donde parece a cada segundo que vas a acabar en el fondo de sus aguas turbias para empaparte de barro y leyenda, merecía la pena el viaje.
Despues el desierto. Mucho desierto. Una carretera recta, no tan mala como cabía esperar, pero paulatinamente invadida por la arena. Precioso. A 120 kilometros por hora, dando de vez en cuando algún que otro salto cuando una rueda cogía el desnivel de la arena invasora. Precioso.
Me pregunté que sentido tenía preocuparse por si la ensalada estaba bien lavada cuando estaba jugándome la vida con un conductor sanguinario que creía que estaba en las 500 millas de Indianápolis. La otra teoría de la relatividad.
A las 11 estábamos en medio del desierto. 51 grados. Manteníamos un silencio sepulcral que intuíamos necesario para no gastar energía y continuar conscientes. Las ventanas cerradas convertían el aire en insano, pero mantenía nuestros organos vitales a salvo de la chicharrera que estaba cayendo.
Le pregunté a Mar si estaba bien, porque la situación empezaba a ser realmente dura. Me dijo que si. Abrí la ventana durante unos segundos y me di cuenta de que era infinitamente peor. Calculamos que faltaban 2 horas mas.
Tras un lapso indeterminado, entre sudor y ensoñación Oktir nos dijo por medio del chaval uzbeko, que hablaba algo mas de inglés, que si pagabamos 5 $ cada uno, pondría el aire acondicionado.
Sonaron mis carcajadas,- ¡Que hijo de puta!-. Nos lo decía cuando estábamos llegando.
-Meeeeeeec.Error. le comuniqué al copiloto.
Si pensaba que a esas alturas iba a doblegarnos no sabía con quien estaba tratando. Ya daba igual. Estábamos haciendo chistes y pensando en explicarle que no eramos alemanes, y que no nos asustaba un poco de calor cuando paró el coche. El copiloto salió y vomitó repetidas veces en la cuneta. Sería el calor. Estos uzbekos no aguantan nada.
Seguimos el viaje sonriendo.
La risa es un buen refrigerador.
PD. la foto, sin que sirva de precedente no es mia. La he tomado prestada de
dónde hay muy buenas fotos de un viaje a Uzbekistán

6 comentarios:

M.Eugenia dijo...

Tines razón,a veces es mejor tomarselo todo a risa.
Saludos

Pedro dijo...

Moncho a.k.a. el 'irreductible', ahí no quedaban mas cojones que(redobles de tambor y megáfono):

IR-EN-MAN-GA-COR-TA !!!!



jajaja buena anécdota, primo.

Sanchesita dijo...

Ja, ja, ja, ¡qué bueno! Y porque eres un ateo malo descreído que te dan igual la luna, las energías, el feng-shui, el tofu y todo. Pero si esto no es justicia divina de la Madre Tierra y de Buda, entonces, dime tú qué es...
Muy bien, Moncho. Te leo y me gusta tu blog.
Besotes.

Núria Borràs dijo...

ja, ja, ja! me encanta leerte, sigue así!
lo de la relatividad es cierto, mira que nos subimos a cada trasto con aprendices de Fitipaldi! y aquí no podemos ir en la vieja Variant de mamá sin casco...

KINHA dijo...

gostei muito de teu blog e já estou te seguindo.No dia 30 de Março, estarei embarcando em um cruzeiro Santos(Brazil)/Veneza(Itália) no navio “Splendour of the Sea”. Visitarei 3 continentes, 8 países e mais de 20 cidades.
Farei postagens diárias e com fotos, e espero a sua companhia nesta grande viagem. Desde já espero sua visita.
http://amigadamoda.blogspot.com

シbilly dijo...

jajaja me saco la risa tu anectoda, jajajajaja la verdad es que si mejor ponerse a reir que ponerse enojado,